sábado 24 de octubre de 2009

El que la hace… ¿la paga?


La literatura policiaca es aquella en donde el interés por el enigma, el delito y los seres que transgreden la ley son fundamentales. En Latinoamérica la literatura policial se mantiene en el margen de su incrementando anual. Autores como Rubén Fonseca, Roberto Bolaño, Silvina Ocampo, Luis Enrique Délano, Carlos Garayar, son, entre otros, los que han mantenido esta gama narratológica que en un sentido criminológico es contar las historias de una transgresión que da demasiada importancia al contexto social en que surge, es por eso que s ele conoce como relato negro.

Utilizando estos puntos como referencia, la antología de cuento policial “El que la hace… ¿la paga?” nos zambulle dentro de éste mundo intimista. Ésta recopilación es un intento de mantener actualizado la dispersa producción policial escrita en América Latina. Aquí se reúnen escritores renombrados y otros pocos conocidos y, sobre todo, cuentos de escritores que han incursionado en el género sin que sus obras suelan ubicarse en el terreno policial.

Aquí el lector encontrará ciertos refuerzos a sus vidas. Después de la lectura de los cuentos verán que muchas de las situaciones son enraizadas a la supervivencia de sujetos que no actúan como victimas, sino, como actores directos e indirectos.

Esta recopilación de 16 cuentos policiacos busca ofrecer sólo una pequeña muestra del relato negro en latinoamerica.

El Fantasma que te desgarra


Fredy Fernández, un joven maestro y estudiante de periodismo, que animado por su perecedera situación económica, decide ir, como corresponsal sin fortuna, hacia Ayacucho, lugar donde se esta llevando a cavo el conflicto armado. Ahí busca enraizarse de la noticia para, de alguna forma u otra, convertirse en uno de los periodistas que nació para amar y vivir el peligro. Esta situación hace posible que Fredy empiece a documentar cada tramo de su vida como fiel testigo de las atrocidades que van carcomiendo a la sociedad peruana. Estas escenas son algunas de las que se hilvanan para dar vida a “El fantasma que te desgarra” una crónica novelada en la que Julián Pérez muestra de forma cruda los espasmos del terrorismo en el Perú.

El tema de la guerra interna, como trama literario, a pesar de ya haber pasado más de 20 años de su aparición, sigue siendo uno de los más necesitados para poder expresar la impotencia de un pueblo frente a la barbaridad y poca sensibilidad de los actores que desencadenaron toda esa pesadumbre que tuvo que pasar todo un pueblo quebrado por la política. Julián Pérez, así como lo hizo en “Retablo”, nos inmiscuye como serios participes dentro de ese mundo que quizás muchos no lo hemos podido presenciar y sentir, pero que dentro de la lectura ágil de “El fantasma que te desgarra” nos adentramos y aprendemos a sufrir como un personaje más, no sólo de la novela, sino, de la pesada vida que se llevó en los años 80 y principio de los 90. Es por eso que para entender esta parte de nuestra historia nacional, es importante leer la gran gama de novelas que guardan muy celosamente la carnicería que vivimos.

martes 12 de mayo de 2009

Pizzicato de la poesía


Pizzicato Labio

*Juan López

En "Pizzicato Labio", Luís Boceli demuestra aquel desenfreno y aventura heroíca que ha sido para él recrear un escenario en poemas de índole musical-ironico.
Boceli trata de maniobrar su propia filosofia personalizada, irónica, burlesca, sobre fondos trastocados de una imaginación sin límites.

Narrativa erótica de Chimbote


La santa cede: Del Copacabana a Tres cabezas.

*Juan López

Con mas de diez cuentos de temática erótica y un fragmento de El zorro de arriba y el zorro de abajo de José María Arguedas como introducción, hace que La santa cede sea el eslabón que necesitaba la literatura nacional para poder mostrar rasgos marginales de una sociedad impura como la nuestra.

Esta antología, cuya edición realizada por los escritores Jaime Guzmán y Augusto Rubio, nos muestra desde un punto de vista sociológico la realidad mundana de un puerto a medio andar. Un puerto invadido por los mundanales que despedían fuertes olores de perfumes baratos y un arrechismo por sus mujeres deformes y algunas esculturales.

Si bien los cuentos y relatos de La santa cede esquivan la moral literaria, estos no llegan a caer en la vulgaridad. Aquí lo grotesco, mundano, irónico, ingenuo, pícaro; termina por anclar (como diría Oswaldo Reynoso) en serios enredos sexuales. La experimentación narratologica de estos enredos hacen que los antologados jueguen con estructuras propias; siendo originales y terminando por liberar sus demonios burdelescos que muy dentro de ellos les estorbada su alma de hedonistas impacientes.

El libro no solo muestra sexo, sino, trata de revelar el lado oculto de personajes urbanos, intelectuales y sensualistas sin reparo. A esto también le uniremos la literatura homo-sexual. Algunos relatos dentro del libro nos muestran la curiosidad de indagar en el mundo en el cual viven inmersos estos personajes que aquí no son marginados ni presos de la homofobia, sino que se trata de inquirir dentro de su psicología como personaje especial.

La mezcla de ambos mundos, no dispersos, hace que La santa cede sea un libro exclusivo, apto para todo tipo de lector que no tema si por casualidad algún relato le haga sentirse como un marginal o un parroquiano pícaro o ingenuo dentro de uno de esos burdeles infectados de incienso y perfume barato...

lunes 11 de mayo de 2009

Vistiendo Días...


“La vestimenta de los días”, de César Olivares

Juan Villacorta Vásquez

En el libro La vestimenta de los días (Ornitorrinco Editores, abril de 2009), de César Olivares, los poemas que he leído me han refrescado las imágenes que tenía y tengo del autor cuando fue mi alumno en la Universidad Nacional de Trujillo y, sobre todo, han servido para completar etopéyicamente algunos detalles muy específicos: su natural nobleza, su espontánea sensibilidad, su respetuoso carácter, su profunda raigambre filial y familiar (por algo están, en el pórtico de su libro, las dedicatorias a su hijo y esposa), pero, sobre todo, para confirmar su cada vez creciente firmeza literaria y su madurez lírica. Por esto debo decir que el efecto más significativo que me provocaron, de inmediato, los versos de César Olivares fue, entonces, mostrarme su franca humanidad a través de recurrentes signos de su cotidiano vivir o recordar que, para los efectos postreros y trascendentes del ser hombre, son lo mismo. Los versos sencillos, pero bien logrados de su poesía, trasuntan ese deseo de naturalidad, de simpleza, del rescate de la humanidad de lo cotidiano y de lo cual no podemos ni debemos prescindir si queremos encontrarnos a nosotros mismos, si queremos ser auténticos. No es trivial, ni coloquial ni anodina la fuente de su poética, sino las pequeñas grandes experiencias de la vida que se viven a diario.

En efecto, desde el título del libro (“La vestimenta de los días”) fluye el deseo que tiene el poeta de comunicar poéticamente qué constituye el ropaje de lo cotidiano: la materialidad del diario vivir, de su propia existencia, puesto que emplea la primera persona gramatical como hablante lírico. Esto es explícitamente corroborado mediante dos versos del Prefacio del libro cuando el poeta César Olivares advierte: “Siempre fue lo mismo (…) En vano intenté cubrir mi corazón con una / cáscara de huevo”. Su yo poético es aseverativo, claro y contundente: es difícil abstraerse, sustraerse u ocultarse del mundo de todos los días, y es más difícil aún ser insensible u ocultar los sentimientos. Y de esto es lo que se poetiza en todos sus versos: los mismos hechos y experiencias más simples y cotidianos que afectan y activan su sensibilidad. Y no es fácil crear poesía de lo cotidiano. Esta poética subyacente en los versos de César Olivares nos recuerda lo que planteaba Rainer María Rilke: “el arte es un modo de vivir, y, aún viviendo de cualquier manera, puede uno prepararse para él”; y, de igual modo, sus versos, tienen un eco de buena parte de la poesía de Nicanor Parra, de Octavio Paz y del mismo Pablo Neruda, sino bastaría con recordar los “Antipoemas”, “Piedra de sol” y “Odas elementales”, respectivamente.

Lo cotidiano no es lo inmediato, lo trivial, lo superfluo, sino las vivencias más simples pero que han dejado huella en el alma del poeta, como de cualquier hombre que le da sentido e importancia a las cosas más sencillas de la vida, aquellas que se viven desde la infancia primera. Allí están el padre, la madre, los hermanos, el barrio, la casa, el hijo, la esposa, los amigos, los recuerdos más sentidos, pueriles, pero memorables. El poeta dice: “Yo también tuve un padre terco / y una madre preocupada por el calor de las estufas”. Hermoso signo de la elemental cotidianidad que nos devela y compromete, que nos remonta a la raíz de nuestros afectos.

Se ha discutido mucho sobre la sinceridad o veracidad de los contenidos de la poesía. Pero lo que no se discute es que la vida que lleva un poeta es la fuente inagotable de la creación poética. César Olivares, en su libro da testimonio de esta última afirmación. Y dice en el poema 2 de Relámpagos de infancia: “Y yo quiero que sepas todo”. Y todo es lo que le ha tocado compartir, vivir, al lado de los suyos: los primeros dibujos (de él mismo o de su propio hijo, que vendría a corroborar el mito del eterno retorno o de la circularidad del tiempo, formas de filosofar lo cotidiano), la incertidumbre por el mañana, el tiempo, los juguetes, la muerte, la familia, los amigos, etc.

Escribir sobre lo cotidiano no es fácil ni mucho menos; esto lo sabe el poeta y dice en el poema 4 de Impresiones y retratos: “Detesto escribir poemas /que no cuesten sangre”. Pero esto no significa, como podría suponerse, equivocadamente, que el poeta deba presentarse con una careta de fingida valentía o de impostada dureza ante la vida; no importa lo que diga, el poeta trata siempre de ser auténtico. El poeta dice en el poema 2 de Impresiones y retratos: “Dicen que soy malo/ que no soy capaz/ de matar un becerro/ para que coman/ mis hermanos/Pero amo la vida/ los buenos tragos/ Las mujeres malas/ a veces”. No importa lo que digan los demás, lo que hagan los demás, importa lo que se siente y ama íntima y personalmente.

En este sentido, el ejercicio del poetizar la cotidianidad se presenta, al fin y al cabo, en una búsqueda y un encuentro de sí mismo, en las huellas más cercanas, más que de buscar un triunfo sobre la poesía. El poeta dice: “Lo siento, poesía / no soy tu hijo / sólo soy un niño / de sangre ajena / que bebe/ en tus pezones/ la verdad de las palabras”. Y agrega: “Entonces supe de mí por un poema”.

El quehacer lírico de César Olivares tiene, a parte de su inobjetable calidad estética de escribir hermosos versos con asombrosa sencillez, y de hacer de las experiencias cotidianas unos espacios para volver a nosotros mismos, el mérito de buscar cumplir uno de los fines esenciales del arte, de la literatura: humanizar al hombre; así lo dice: “Escribimos un poema para hacer más sensibles a los hombres/O al menos para intentarlo (…) O sea para buscar en cada palabra / nuestra sangre, nuestras vísceras y nuestro corazón. Para/ pregonar una vez más que la literatura no cambiará el mundo, / pero cómo lo embellece, compadrito”.


* Juan Villacorta Vásquez. Docente en Literatura de la Universidad Nacional de Trujillo.

martes 5 de mayo de 2009

El fuego narrativo de Fernando Cueto


Ricardo Ayllón


La novela Días de fuego (Río Santa-San Marcos, 2008), de Fernando Cueto, a diferencia de sus anteriores producciones, trae como característica principal el alejamiento del escenario chimbotano. Localizada plenamente en Lima, los hechos corresponden a los años en que la reciente guerra interna ingresó con fuerza en esta ciudad, poniéndola en estado de sitio; mientras que la trama se basa en las vicisitudes de Segundo Rentería, agente de la desaparecida Policía de Investigaciones del Perú (PIP).
Narrada de manera lineal pero con saltos cronológicos en los que se alternan el pasado y el presente, el personaje-narrador es el propio Rentería, quien, en tiempo pasado, recuerda su tránsito por la vida policial desde sus días en la Escuela de Subalternos hasta el momento en que se convierte en un lisiado debido a una acción terrorista; mientras que, en tiempo presente, nos remite a su nueva vida en estado de invalidez.
Sin los problemas de estructura mostrados en su primera novela, o de cierto abuso de retórica en la segunda, Cueto nos lleva esta vez por una serie de sucesos manejados con firmeza y sin excesos, apoyado además en un lenguaje natural y nada artificioso, lo cual permite una lectura fluida. Más que política, Días de fuego puede catalogarse como una novela policial, pues de pronto, desde el momento en que Rentería ingresa en un grupo operativo de la PIP y se desencadenan los atentados y muertes contra sus compañeros de promoción (presentados en el primer capítulo), la historia adquiere un cariz y ritmo diferentes a los que venía llevando (sentimental y pausado) debido a la necesidad del protagonista por desenredar la maraña de hechos que están detrás de tales muertes. De este modo, la novela logra hasta cierto punto constituirse en una especie de conciencia crítica de la sociedad peruana de los 80, a partir de las fracturas vivenciales padecidas por los ex compañeros de Rentería, cuya suerte se va transformando en tragedia.
Pero no solo ello, es también una manera diferente de interpretar el accionar de Sendero Luminoso, pues éste se ve representado en la novela solo por elementos jóvenes (contemporáneos a los agentes policiales) y, en su generalidad, por mujeres. Se trata sin duda de una mirada bastante particular dentro de la novelística urbana de la violencia, por lo que puede ser catalogado junto a libros como Generación cochebomba de Martín Roldán, Ciudad de los culpables de Rafael Inocente o Toque de queda de Raúl Tola.
Ya la novela peruana nos había remitido a la violencia ocurrida en los andes peruanos, y ahora, le ha correspondido desplegarse alrededor de los sucesos en la urbe limeña. Días de fuego, en esta tarea, llega como una novela realista que debe leerse con atención, no solamente por el importante momento social que aborda y, en este sentido, su capacidad de hacernos reflexionar, sino también porque asegura el buen oficio narrativo de Fernando Cueto que, estoy seguro, seguirá entregando productos de similar calidad.

lunes 22 de diciembre de 2008

Rediseñando a Vallejo y otros


Técnicas de Restauración Poética
Elementos Generales y Rediseños a la Poesía de Vallejo

Antonio Sarmiento


La lectura de toda obra es una invitación a la imagina­ción del lector, ya que a partir de este acto puede expresar­se a su manera con mayor libertad. Sin embargo, siempre existió un muro infranqueable que nunca le permitió sal­tar hacia otras fronteras, convirtiéndolo en un sujeto vin­culado al goce y deleite estético más no a la actividad crea­tiva. De allí que el libro consigne la aparición de un lec­tor-creador no sólo retraído en la lectura, como recreo espi­ritual, sino que éste plantee su accionar como parte del diseño de la obra leída.

¿Desde dónde hablar?



¿Desde dónde hablar? Dinámicas oralidad-escritura actualiza la discusión oralidad, escritura y memoria colectiva, para luego instalarnos en las dinámicas subyacentes que tratan la memoria oral desde la recepción y la reelaboración de relatos orales. Del mismo modo, discute la categoría de identidad para proponer la posibilidad de una identidad "misti", buscando, de esa manera, ampliar lo andino que parece circunscribirse solo a lo quechua y aimara. Además, al hablar de la palabra del "otro" y sus negociaciones por y en el espacio de la palabra, sobre la base de la tensión y relación entre gestor-testor, pone en cuestión los actuales géneros de los testimonios y las recopilaciones de textos orales que no discuten para nada el lugar central del "Otro"; proponiendo así que los otros americanos dejemos de ser los otros a representar o a conocer: otros que seamos nosotros. Finalmente, recoge un florilegio de narraciones orales de una informante "misti".

¿Desde dónde hablar? Dinámicas oralidad-escritura, de Jorge Terán Morveli, es un importante estudio sobre la producción discursiva y la identidad del "otro" americano andino.

Dante Gonzalez Rosales

Sonidos de frialdad


de
Victor Salazar

Aquí les dejo con algunos comentarios acerca del poemario:

Una de las canciones más entrañables de Sabina, que la oigo con frecuencia entre sus jóvenes fans, es aquella que nos recuerda con mucha sabiduría, que “ los amores que matan nunca mueren” Víctor Salazar pareciera encarnarlo realmente en este libro, tan sólo para no decir como Rimbaud: “soy feliz, no me explico cómo he caído tan bajo”.

Hildebrando Pérez Grande



Poesía amorosa, primordial, donde el poeta enreda y desenreda las palabras como gotas de cristal, como quien espera una todas las mañanas y así ofrece lo mejor a la amada de sus días, de sus largas y eternas noches con quien dialoga diáfanamente llevándola a lugares arcanos en un volar de cisne plástico y bello.

Domingo de Ramos

viernes 21 de noviembre de 2008

Destierro de Abel y otros cuentos, de Ítalo Morales


He leído más que con emoción Destierro de Abel y otros cuentos (Río Santa Editores 2008), de Ítalo Morales, pues se trata del compañero de tertulias prolongadas, resacas intensas y arrebatos literarios y, también, porque existe una recorrida amistad, tanto más o tanto menos, que si hubiéramos despertado juntos, y más aún, porque ya anteriormente había mostrado sólidas destrezas lingüísticas y un buen grado de prolijidad en el manejo estructural del cuento.
Sin embargo, en Destierro de Abel, reunión de cinco cuentos en el presente orden: “La cacería”, “Bajo el cielo de julio”, “Destierro de Abel”, “Caer o no caer ¿Por qué caer?” y “La espera”, se perciben algunas intrascendencias y deslices técnicos que perturban la calidad discursiva y el soporte estructural de los mundos narrativos. Por ejemplo (Dicen que los últimos serán los primeros): En “La espera”: Una historia muy bien conducida y llevada como con las manos, por un discurso entonado, buena disposición de la atmósfera y óptimo tejido de la trama, son interrumpidos por un episodio ligero, que se plantea al final: Juan ha esperado a su madre durante mucho tiempo, en la espera le han ocurrido sobresaltos que le han hecho creer, por momentos, que su mamá ha muerto, mas a ella no le ha sucedido nada, pues lo que realmente ha motivado su retraso ha sido la reunión con don Pancho, su presunto novio. Un final intrascendente y absurdo para tan bien logrados requiebros técnicos. Absurdo por la postura de Juan, quien después de ver llegar a su progenitora con don Pancho asume una actitud recelosa y luego rencorosa, al percatarse de la conducta enamoradiza de la madre.
“Caer o no caer ¿Por qué caer?” es otro de los títulos donde se relata la historia de Abel, personaje/nombre signado por la soledad, el infortunio, la muerte, que ha sido incluido también en los cuentos restantes. “En Caer o no caer…”, Abel ha decidido suicidarse; para tal propósito el autor ha organizado una serie de acciones que mantienen en suspenso y con el alma en vilo al lector. El mérito de “Caer o no caer…” recae esencialmente en el sostenimiento del suspenso, asimismo en el desdoblamiento oportuno de la tercera a la primera persona. No obstante, el empleo del lenguaje figurado para metaforizar el tránsito del cuerpo corpóreo de Abel a la forma etérea, torna oscuro y denso el desenlace, y nos deja la impresión del relato abierto e inacabado. Sin lugar a dudas a “Destierro de Abel” le tocaría convertirse en el cuento emblemático, por la ubicación que posee en el conjunto y ser título de la portada, pero, ante la magnífica alternancia de los diálogos e intervenciones de los protagonistas, realzan los datos imprecisos: la presumible violación; la ambigüedad en la descripción de los escenarios: nunca se menciona el lugar preciso donde se desarrollan los desplazamientos de los actantes. Y para redondear la faena, la anécdota del supuesto ultraje resulta harto conocida.
Bajo el cielo desleído ocupa el segundo puesto en el libro. En él la realidad ficcional desencadenante es la curiosidad del joven Abel y sus amigos (Luis y Tabo): ellos quieren saber si el hogar de la mujer que vende manzanas en el colegio del Loco, es la morgue; para ello, realizan las pesquisas y la incursión en el predio. Morales nuevamente articula una prosa bien puesta y atildada, las escenas indicadas y una atmósfera ajustada a las exigencias, para otorgarle vitalidad a la fabulación. Empero, los desmedidos soliloquios y reflexiones del protagonista, le restan ritmo e intensidad a la realidad problematizadora. Luego, ya para terminar, en “La cacería”, el mejor cuento, amalgama de forma exacta, el discurso afinado, la descripción exhaustiva, una sobrada atmósfera hedionda y estercolera que se palpa, se respira y trasciende las páginas, ofreciéndonos nítidas imágenes de lo circundante. En “La cacería” Ítalo ha tenido a bien regular las meditaciones, la interpretación de los personajes y la oportunidad de los diálogos perfectamente encaminados.
Por todo ello, Destierro de Abel y otros cuentos es un libro de lenguaje siempre melódico, rítmico y acompasado, portador de una arquitectura expectante, pero que se desvirtúa apelando a los finales abiertos e infinitos. Asimismo, la recurrencia a los escenarios indeterminados y episodios irrelevantes troca en efímero la solemnidad de las fabulaciones. (Juan Carlos Lucano).

Cuentista del desierto de Jorge Tume Quiroga



Una de las características del trabajo de Ornitorrinco Editores, es que nos trae generalmente primicias literarias, es decir, óperas primas de escritores peruanos que llegan con técnicas y estilos aceptables y un trabajo expresivo generalmente de primer nivel. Esto es lo que ocurre con Cuentista del desierto (setiembre, 2008), cuyo texto de presentación acierta al decir que se trata de un libro de cuentos que transparenta muy bien –desde el lenguaje y la descripción– el humor del norte peruano, el cual “constituyó siempre ingrediente esencial en la heterogénea conformación de la identidad nacional”.
Así es. No cabe duda de que Jorge Tume Quiroga (Sechura, 1976) ha sabido rescatar lo mejor del temperamento rural piurano, para ofrecernos sus giros idiomáticos, ocurrencias, personajes y circunstancias con tal habilidad y dominio, que logra involucrarnos desde el principio en el contexto espacial al que nos remite.
De cierto modo, es verdad, como anuncia este volumen, que con ello Tume “consigue no solo recrear sino además nutrir el imaginario de su referente regional”, lo cual es desde ya, un punto a favor. Gracias a historias lineales, sencillas, breves y, más de las veces, con finales inesperados, Cuentista del desierto, entretiene y nos remite a orígenes cotidianos para recordados cuán humano y diverso es el temperamento peruano.
Jorge Tume Quiroga es profesor egresado de la Universidad Nacional de Trujillo (UNT), donde también hizo estudios de Derecho. La calidad de su pluma se encuentra garantizada por la Mención Honrosa en Poesía obtenida en los Juegos Florales de la UNT, organizados en homenaje a los 105 años de nacimiento del poeta César Vallejo. También ha realizado trabajos de investigación histórica expuestos en España y Francia durante los años 2007 y 2008. Es miembro fundador del Instituto para el Fomento de la Lectura y la Escritura (INFOLEE), dirige las revistas “Amanecer bernalense” y “Semilla de papel”, y es co-editor de la revista cultural “Letra corrida” de Trujillo.

“Ensueño del trébol y la abeja. Poetas que hacen medicina”


Resulta gratificante aproximarse a esta antología que, desde el subtítulo, trae la irreverencia de toda buena propuesta: “Poetas que hacen medicina”. Se trata de una bella edición en la que se reúne a 14 poetas peruanos cuya profesión es la medicina, para quienes la poesía ha representado y representa una verdadera actitud de vida. Muchos de los poemas aquí reunidos traen la bella impronta de lo social, lo íntimo y, obviamente, la actividad médica como eje de la inquietud temática. Otra característica destacable es la beneficiosa descentralización; es decir, la presencia de poetas-médicos de provincias; entre ellos, nada menos que los liberteños (y cercanos) Erasmo Alayo, Ángel Gavidia Ruiz y Marco Cueva Benavides, este último, natural de Pacasmayo pero con estancia de varias décadas en Chimbote, e integrante del grupo de Literatura y Arte Isla Blanca. La edición y selección del volumen recae en José Luis Heraud Larrañaga, familiar del recordado Javier Heraud, quien nos ofrece un impecable trabajo editorial, con la ayuda visual del reconocido diseñador Víctor Escalante.

Árbol de atisbos, de Jorge Horna Chávez



Jorge Horna es el poeta más importante de Celendín (Cajamarca) en la actualidad, ninguno como él para llevarnos al éxtasis de las cosas sentidas. Su madurez plena y contundente trasluce en Árbol de atisbos su reciente poemario (Arteidea Editores, 2008).
Sus poemas nos hacen señas de llamadas, como las de una mujer amante cuyo eco regurgita en las quebradas, en las pampas y en las diáfanas calles de nuestra tierra; trasminando a anisquehua y arabisco, sus gritos nos llegan una y otra vez y nuestra alma se reconoce en ellos. Su lírica es cántico de juglar, todo en ella suena en tono mayor, se mece y jubila a la luz del sol. No hay disonancias, ni neurosis, ni “flores del mal”. Su creación es espléndida, como las auroras de la serranía. Nos costará trabajo, pero tenemos que adaptar las pupilas de nuestro espíritu a estas cataratas de luz y veremos un mundo sin tragedias, sin amarguras, sin traiciones. ¿Dónde encontrar algo semejante en nuestra lírica?
La poesía de Jorge es expresión substantiva y autónoma. No requiere comentarios filosóficos pero podría servir a los filósofos como texto de meditación. Su jubiloso movimiento asciende, cada vez más alto, atraviesa todos los límites, un poco más y nos lleva a una reflexión terrible. ¿Podrá nuestra hambre de belleza saciarse con una sola vida, un solo tiempo? No, el alma exige más. (Jorge A. Chávez Silva).

Ancash. Cuentos infantiles, Selección, prólogo y notas de Ricardo Ayllón


Esta reciente antología de cuentos infantiles de Ancash (Altazor, 2007), que debido a su éxito ya va por su segunda reimpresión, no solo es la reunión de figuras destacadas como Dante Lecca, Rosa Cerna, Teófilo Villacorta, Óscar Colchado y Áureo Sotelo, sino también, la puerta de ingreso a un universo colmado de música de ritmo diferente, sabor dulce y paisaje diverso.
Dante Lecca, en sus dos cuentos «Chita, el pez amigable» y «La nube cometa», cuenta cómo la imaginación al unirse con la inocencia del niño hace que todo sea real con sólo cerrar los ojos. ¡Ese es un secreto de la literatura infantil!, pero también es un don que tenemos todos cuando somos niños, pero que lamentablemente perdemos al crecer. ¿Será tal vez la fórmula para ser felices? Rosa Cerna se hace presente con su lenguaje musical, el valor de la identidad en «Rufino y su sombrero azul», pero también nos arrulla con su ternura en «Los días de Carbón», donde se refleja la amistad más grande y verdadera. Teófilo Villacorta habla del amor a la vida, a la libertad y al paisaje marino en «La gaviota que no quiso morir». Por su parte, Óscar Colchado Lucio se acerca a la mitología andina en su cuento «El Amaru». Un relato cargado de poesía melancólica es «La niña de Santa», también de Colchado. La curiosidad innata y candorosa de los niños hacia lo novedoso, ¡la emoción que sienten al descubrir el color!, ya que para ellos dibujar significa pintar al mundo con sus colores favoritos, está presente en «La niña de las crayolas» de Áureo Sotelo.
En fin, luego de haber leído cuentos con historias de helados, chocolates, zapatillas de lana, ositos limpios y sucios, y ratones que se comen el maíz, encontrarme con esta antología ha sido una experiencia nueva e inolvidable. A los pequeños lectores, sumergirse en la lectura de estos cuentos, los hará descubrir la musicalidad, cultura y dulzura del alma andina.
Por otra parte, con esta pulcra y exquisita reunión de relatos, Ricardo Ayllón no solo ha entregado una valiosa antología para niños, sino un símbolo de unión entre el ande y el mar ancashinos. (Carlota Yauri Causo).

viernes 29 de agosto de 2008

Un poco de aire en una boca impura


Lo primero que se observa en Un poco de aire en una boca impura (Altazor, 2008) de Ricardo Ayllón es la sensación de verse ante un poemario producto de un proceso que ha afirmado una maduración estética sorprendente. Es así que desde su poemario Almacén de invierno (1996) hasta este que hoy nos ocupa se ha ganado en una propuesta temática más ambiciosa y con un sentido más abierto, y en una exploración de la forma, particularmente, más actual y de mayor logro estético.
La poesía como todo arte debe procurar, a través de los recursos o soportes utilizados, la concreción de un producto que abiertamente se presente como todo de creatividad, tamizado, necesariamente, por la razón. En Un poco de aire en una boca impura ese constructo está fundido en ser y esencia, en cerebro y corazón; existe un genius loci que domina todo y que en la voz del autor se ha hecho intensa e íntima.
Este libro sorprende porque no se limita en ser un libro bien escrito, sino en ser un libro de apuesta. No se trata de captar las efusiones de la naturaleza y expresarlas tal cual llegan a ti, sino de reinventarlas, de hacerlas tuyas, es allí donde radica el valor de todo gran libro. (Johnny Barbieri).

La danza de la viuda negra


Escribir sobre el Perú constituye actualmente un verdadero desafío, y lo es más si junto a ello se exorciza a los demonios que cohabitan caprichosamente el tejido de nuestra realidad y la interpretación creativa que de ella hacemos. Al parecer, Walter Lingán siempre tuvo presente esta premisa, pues sus cuentos tienen mucho de aquella experiencia inigualable que es aprovechar los detalles reales y sobrenaturales del ande peruano, su lugar de origen, pero también exhiben muy bien el estremecimiento y el mensaje producidos por estas experiencias que, en su estro, prosperan con maestría desde la asimilación inconsciente hasta la plasmación vehemente. El Perú es un lienzo que concede múltiples recreaciones, y Lingán es un artista que no deja escapar nada: excelente trazo lingüístico, ambientación de primera mano, plasticidad técnica, realismo ineludible, temática vigente, simbología sugerente, denuncia social… La danza de la viuda negra (2da. edición, Arteidea editores, 2008) bien merece integrar la nómina de los mejores libros de narrativa peruana publicados en los últimos años. (Ricardo Ayllón).

El compadre Zorro y otros cuentos de Colasay


Selección narrativa que presenta el cajamarquino Casimiro Ramírez, la cual da muestra de suma destreza para mantener el hilo de la narración, provocar hilaridad y aleccionar al lector. “Los malmandados”, relato que abre la colección es una alegoría del amor materno, una anciana vive al otro lado de la montaña con sus tres hijos quienes parten en busca de un buen porvenir. Ya en una posada, el patrón encarga la misma tarea a cada uno pero desisten a medio camino, salvo el menor quien invocando al amor materno logra cruzar los obstáculos, y cuando retorna se da con muchas sorpresas inesperadas. En “El grillo y el león” se da una intensa lucha entre un minúsculo grillo y un sarcástico león, una batalla esperada por todos los animales de la selva. Empezado el conflicto todos se han reunido para ver lo que sucederá. El león escoltado por su ejército se acerca dueño de la situación, mientras se avizora una nube de escarabajos y muchos otros insectos venidos de todas partes. Acompañados de los ya celebrados “El compadre zorro” y “Awju, la mujer de la luna” y descritos de forma fantástica, los textos que conforman esta colección despiertan ese céfiro de maravilla infantil y ensueño, sin salir de los confines de la sentencia y lección que se acostumbra en la fábula y sin excluir lo humorístico.

jueves 7 de febrero de 2008

El quinto evangelio, tercera edición


No existe mejor manera de asegurarle vida larga a un libro que censurándolo. El quinto evangelio, novela de Marco Cárdenas (Huanta-Ayacucho, 1962), apareció en su primera edición con el inicio de este nuevo milenio (el año 2000), y debido a su naturaleza trasgresora, irreverente y anticlerical, fue rechazada por más de una librería, cerradas las puertas de algunas entidades académicas y negada por un sector importante de la “prensa oficial”, llegando a ser calificada por un periodista cultural de la televisión como “el peor libro del año”. Precisamente por esta situación particular, muchos lectores lo buscaron y agotaron la primera edición en su primer año de circulación.
La segunda versión, del año 2003, se agotó también rápidamente y, desde hace un mes (diciembre de 2007), contamos ya con una nueva y tercera edición publicada por Altazor, editorial que ha comprendido que esta novela, basada en una adaptación libre y desprejuiciada de la vida de Jesucristo, no es de ningún modo “denigrar al hombre cuya biografía oficial lo presenta como el Hijo de Dios, si no plantear una versión que sintonice mejor con nuestra condición humana”.
Sobre la base de esta idea, surge El quinto evangelio que, a decir del narrador Oswaldo Reynoso, “está destinado a lectores con espíritu limpio y, aunque parezca una paradoja, a cristianos de raza”; mientras que el poeta Jorge Luis Roncal manifiesta que la novela “evidencia la fragilidad de la plataforma de fe que sostiene el mito cristiano”. En suma, un libro cuyo tema si bien recrea la antigua historia de un personaje ajeno a nuestra realidad nacional, sirve para recordar, como afirman los editores, “que los errores, averías y excesos humanos, son universales e imperecederos”.